Síntomas de la perimenopausia: mucho antes de los sofocos
Los síntomas de la perimenopausia pueden empezar años antes de la menopausia y no siempre comienzan con sofocos.
Te despiertas a las 3:17 de la madrugada.
No tienes calor. No estás sudando. Simplemente estás despierta.
Miras el reloj, intentas volver a dormirte y empiezas a pensar en todo lo que tienes que hacer mañana.
A la mañana siguiente buscas tres veces las llaves que llevas en el bolso. En una reunión pierdes una palabra que conoces perfectamente. Por la tarde notas que algo que normalmente resolverías sin demasiada dificultad te irrita muchísimo más de lo habitual.
Llevas unas semanas así.
Quizá unos meses.
También te duele una cadera. O los hombros. Tu regla sigue llegando, aunque ahora algún ciclo dura unos días más y otro unos días menos.
Y como nadie te dijo que esto también podía formar parte de la perimenopausia, vas buscando explicaciones por separado:
Duermo fatal.
Necesito organizarme mejor.
Será la edad.
Tengo que volver a hacer ejercicio.
Últimamente estoy insoportable.
Y así puedes pasar bastante tiempo intentando solucionar diez problemas diferentes sin plantearte que algunos quizá formen parte de la misma transición.
Porque durante años nos enseñaron una versión extraordinariamente pequeña de la menopausia:
La realidad es bastante más compleja.
¿Qué es exactamente la perimenopausia?
La perimenopausia es la etapa de transición que precede a la menopausia.
Durante estos años cambia progresivamente la función de los ovarios y fluctúan las concentraciones de hormonas reproductivas. No se trata de un interruptor que un día está encendido y al siguiente se apaga.
Es una transición.
Y puede durar varios años.[1]
La Organización Mundial de la Salud señala que puede afectar al bienestar físico, emocional, mental y social.[1]
La menopausia propiamente dicha se establece retrospectivamente cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación, siempre que no exista otra causa fisiológica o patológica evidente ni una intervención clínica que la explique.[1]
La perimenopausia ocurre antes.
Y ahí empieza una de las confusiones más frecuentes.
“Pero yo todavía tengo la regla”
Tener la menstruación no significa automáticamente que tu ciclo siga funcionando exactamente igual que hace diez años.
La transición menopáusica suele comenzar con cambios en el ciclo menstrual.[1]
A veces son evidentes.
Otras veces son bastante menos espectaculares:
- un ciclo de 25 días cuando antes era de 29;
- el siguiente de 31;
- una menstruación mucho más abundante;
- otra sorprendentemente corta.
Las guías NICE establecen que, en personas sanas de 45 años o más con síntomas asociados a la menopausia, puede identificarse clínicamente la perimenopausia sin análisis de laboratorio cuando existen síntomas vasomotores de nueva aparición y cambios en el ciclo menstrual.[2]
Pero lo importante para ti no es memorizar un criterio diagnóstico.
Es entender algo mucho más sencillo:
Mucho antes, en algunos casos.
¿Cuáles son los primeros síntomas de la perimenopausia?
Aquí no existe una respuesta universal.
No hay un síntoma número uno que aparezca primero en todas las mujeres.
Para algunas será un cambio menstrual.
Para otras, los sofocos.
O el sueño.
O la sensación de que su cerebro ha decidido abrir quince pestañas a la vez y cerrar precisamente la que necesitaban.
Entre los síntomas y cambios descritos durante la transición menopáusica se encuentran:
- cambios en el ciclo menstrual;
- sofocos y sudores nocturnos;
- alteraciones del sueño;
- cambios en el estado de ánimo;
- ansiedad o síntomas depresivos;
- dificultades de concentración y memoria;
- cambios en la función sexual;
- sequedad y molestias vaginales;
- determinados síntomas urinarios;
- dolor muscular y articular.[1–5]
No significa que todas las mujeres tengan todos estos síntomas.
Ni que experimentar cualquiera de ellos confirme que estás en perimenopausia.
Significa que la imagen real es bastante más amplia que la que muchas recibimos.
Síntomas de la perimenopausia: mucho más que sofocos
Los sofocos existen, por supuesto.
Y para algunas mujeres pueden ser intensos y muy limitantes.
La OMS los incluye entre los síntomas asociados a la transición menopáusica, junto con los sudores nocturnos y otros cambios físicos y emocionales.[1]
El problema aparece cuando convertimos el sofoco en requisito:
La transición menopáusica puede expresarse de diferentes maneras.
Y algunas son bastante menos obvias.
Cuando de repente dormir se convierte en un proyecto
Quizá siempre habías dormido bien.
Te metías en la cama y, salvo una preocupación concreta, dormías hasta la mañana siguiente.
Y un día eso cambia.
Empiezas a despertarte de madrugada.
O te cuesta conciliar el sueño.
O duermes siete horas pero te levantas con la sensación de haber estado de guardia toda la noche.
Las alteraciones del sueño son frecuentes durante la transición menopáusica y constituyen un área específica de investigación, más allá de los sofocos y sudores nocturnos.[3]
Esto importa porque el sueño no vive en un compartimento separado del resto del cerebro.
Una noche fragmentada puede afectar al día siguiente a la atención, la memoria de trabajo, la regulación emocional y la capacidad para gestionar el estrés.
Y entonces ocurre algo muy humano.
La famosa niebla mental
Entras en la cocina.
Te quedas quieta.
¿A qué venía?
O estás contando algo y aparece el clásico:
Sabes la palabra.
La tienes.
Pero parece haberse escondido detrás de una cortina durante quince segundos.
Las quejas de niebla mental, dificultades de concentración, memoria y recuperación de palabras son comunes durante la transición menopáusica.[3]
Una revisión publicada en Obstetrics & Gynecology en 2025 por Makeba Williams y Pauline Maki analiza precisamente los cambios cognitivos, del sueño y del estado de ánimo que pueden aparecer durante esta etapa, más allá de los conocidos síntomas vasomotores.[3]
Eso no significa que debamos atribuir cualquier problema de memoria a las hormonas.
La niebla mental puede aparecer por muchas razones: estrés sostenido, sueño insuficiente, algunos medicamentos, alteraciones tiroideas, déficits nutricionales, depresión y otras condiciones médicas.
Pero hay una gran diferencia entre pensar:
y poder considerar:
En Giro 180º hemos dedicado un artículo completo a la niebla mental , precisamente porque merece ser entendida más allá de una sola causa.
“Yo nunca había tenido ansiedad así”
Esta frase aparece con frecuencia cuando las mujeres hablan de esta etapa.
No necesariamente porque nunca hubieran sentido estrés.
Sino porque la forma de sentirlo parece diferente.
Más física.
Más inmediata.
Más difícil de apagar.
Algo que antes era un problema manejable ahora parece ocupar todo el sistema.
Los cambios de ánimo y los síntomas de ansiedad o depresión pueden aparecer durante la transición menopáusica.[1][3]
Y aquí conviene evitar dos simplificaciones opuestas.
No.
Tu contexto sigue importando.
Quizá estás cuidando a padres mayores mientras tus hijos todavía te necesitan.
O atravesando cambios de pareja.
O sosteniendo una empresa.
O preguntándote qué quieres hacer con la siguiente mitad de tu vida.
Sueño, estrés, relaciones, trabajo, salud y contexto vital interactúan con tu fisiología.
Pero la segunda simplificación tampoco ayuda:
Porque ese estrés está ocurriendo dentro de un organismo que también puede estar atravesando una importante transición endocrina.
Las dos cosas pueden coexistir.
El cuerpo que de pronto protesta por todo
Te levantas del sofá y las caderas tienen algo que decir.
El hombro que nunca daba problemas empieza a molestar.
Te cuesta recuperarte del entrenamiento.
O simplemente te notas más rígida.
Durante mucho tiempo, el dolor musculoesquelético tuvo bastante menos protagonismo en la conversación sobre menopausia que los sofocos.
Eso está cambiando.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 reunió datos de 93.021 mujeres para estudiar las manifestaciones musculoesqueléticas a través de las distintas etapas de la transición menopáusica.[4]
El estudio encontró una mayor prevalencia de determinados síntomas musculoesqueléticos entre mujeres peri y posmenopáusicas en comparación con mujeres premenopáusicas.[4]
Pero aquí es importante diferenciar asociación de causalidad.
Los propios investigadores señalan que la evidencia disponible es heterogénea y que todavía hacen falta mejores estudios para comprender con precisión los mecanismos implicados.[4]
Sexo, vagina y vejiga: la parte de la que todavía hablamos demasiado poco
Otra escena.
Empiezas a notar sequedad.
Las relaciones sexuales, que antes no suponían ningún problema, empiezan a resultar incómodas.
Quizá aparece irritación.
O algunos cambios urinarios.
Y como todavía existe una sorprendente cantidad de vergüenza alrededor de estos temas, muchas mujeres no lo mencionan ni siquiera en consulta.
Los tractos genital y urinario inferior contienen receptores para hormonas reproductivas y pueden verse afectados por los cambios hormonales asociados a la transición menopáusica.[5]
Actualmente muchos de estos cambios se estudian dentro del denominado síndrome genitourinario de la menopausia.
Puede incluir síntomas como sequedad vaginal, molestias o dolor y determinados cambios urinarios.[5]
Pero la investigación sigue afinando algo importante: no todos los síntomas urinarios que aparecen a esta edad pueden atribuirse directamente a la menopausia, y tanto el envejecimiento como otros factores pueden contribuir.[5]
¿Y las palpitaciones?
Estás sentada tranquilamente y, durante unos segundos, notas el corazón con mucha más fuerza.
O aparecen coincidiendo con otros cambios vasomotores.
Las palpitaciones se describen con frecuencia alrededor de la peri y la posmenopausia, y diversos estudios han analizado su evolución durante esta transición.[6]
Pero conocemos bastante menos sobre ellas que sobre los sofocos, el sueño o los síntomas genitourinarios.
Una revisión de la literatura concluyó que la evidencia sobre los factores específicamente asociados a estas palpitaciones sigue siendo limitada.[6]
Por eso este no es un síntoma que convenga diagnosticar desde Internet.
Una palpitación nueva, persistente o preocupante debe valorarse, especialmente si aparece acompañada de dolor en el pecho, desmayo, dificultad respiratoria u otros síntomas.
Significa incorporarla al mapa.
¿De verdad existen 78 síntomas de la perimenopausia?
Aquí llegamos a uno de los grandes titulares de Internet.
Quizá hayas visto:
“Los 66 síntomas.”
“Los 78 síntomas de la perimenopausia.”
Incluso listas todavía mayores.
¿Son reales?
La respuesta necesita un poco más de matiz que un sí o un no.
No existe una clasificación médica universal que establezca exactamente 78 síntomas oficiales de la perimenopausia.
La cifra depende de qué manifestaciones se incluyen y de cómo se contabilizan.
Imagina que una mujer tiene problemas de sueño.
Podemos contar:
- dificultad para dormirse;
- despertares nocturnos;
- despertar demasiado temprano;
- sueño no reparador;
- fatiga al día siguiente.
¿Tenemos cinco síntomas?
¿O una alteración del sueño con diferentes manifestaciones?
Podemos hacer lo mismo con la cognición:
- olvidos;
- dificultad para concentrarse;
- problemas para encontrar palabras;
- distracción;
- pérdida del hilo.
La cifra final cambia según cómo decidamos agruparlos.
Por eso hay una pregunta mucho más útil que:
¿Por qué una transición hormonal puede sentirse en tantos lugares diferentes?
Porque las hormonas reproductivas no actúan exclusivamente sobre la menstruación.
El cerebro no está separado de los ovarios.
Ni los huesos.
Ni los músculos.
Ni los tejidos genitourinarios.
Ni el sueño.
Ni los mecanismos de termorregulación.
Durante la transición menopáusica se producen cambios en la función ovárica y en las concentraciones hormonales que interactúan con múltiples sistemas del organismo.[1–5]
Y además esos sistemas interactúan entre ellos.
Esto es importante.
Porque algunas veces lo que interpretamos como cinco problemas diferentes puede formar una pequeña cadena.
Eso no significa que exista una hormona culpable de todo.
Significa que el organismo funciona como un sistema, no como una colección de departamentos independientes.
Y esta forma de entenderlo es especialmente importante para nosotras en Giro 180º.
Porque el estado de nuestro sistema nervioso también influye en cómo percibimos y respondemos a lo que está ocurriendo.
La regulación del sistema nervioso no sustituye el tratamiento de los síntomas menopáusicos ni modifica por sí sola la transición hormonal.
Pero puede ser una herramienta complementaria para gestionar estrés, activación y carga fisiológica mientras atendemos adecuadamente aquello que necesita evaluación o tratamiento.
Entonces, ¿cómo sé si estoy en perimenopausia?
Aquí aparece otra idea que desmonta bastante contenido de Internet:
Las concentraciones hormonales pueden fluctuar durante la transición.
Por eso NICE recomienda que en personas sanas de 45 años o más, cuando existe una presentación clínica compatible, la identificación de la perimenopausia se realice sin utilizar rutinariamente pruebas como estradiol, hormona antimülleriana, inhibina A o B, recuento folicular antral o volumen ovárico.[2]
La FSH puede considerarse en circunstancias concretas, especialmente entre los 40 y 45 años cuando existen síntomas asociados a menopausia y cambios menstruales, o por debajo de los 40 cuando se sospecha menopausia.[2]
Esto no significa que una analítica no sirva para nada.
Puede ser perfectamente razonable investigar otras causas cuando los síntomas lo requieren.
La pregunta clínica no debería ser solamente:
Sino:
Por qué tantas mujeres no lo reconocieron antes
Aquí está probablemente la parte más importante de este artículo.
La propia OMS reconoce que la transición menopáusica puede afectar al bienestar físico, emocional, mental y social y señala la importancia del acceso a información y atención adecuadas durante esta etapa.[1]
Pero durante décadas la imagen cultural fue extraordinariamente limitada.
Una mujer con sofocos: menopausia.
Una mujer de 44 años que se despierta cada noche, pierde palabras, tiene ansiedad nueva, está agotada y empieza a notar cambios en su ciclo:
Y quizá sea estrés.
Pero quizá no sea solo estrés.
La diferencia importa.
Porque cuando no conocemos una transición, cada síntoma se convierte fácilmente en un pequeño fallo personal.
No me concentro.
No tengo paciencia.
Estoy perdiendo memoria.
No quiero sexo.
Estoy cansada.
Mi cuerpo ya no responde igual.
Y poco a poco algo fisiológico puede empezar a convertirse en una narrativa sobre quién eres:
Aquí la información cambia mucho más que nuestro conocimiento.
Cambia la interpretación.
No todo lo que ocurre a partir de los 40 es perimenopausia
Y esta frase debería aparecer en cualquier artículo responsable sobre el tema.
Muchos de estos síntomas son inespecíficos.
La fatiga puede tener muchas causas.
Las palpitaciones pueden tener muchas causas.
La dificultad para concentrarse también.
El sangrado irregular también.
La ansiedad también.
La perimenopausia es una posibilidad importante dentro del contexto adecuado.
No una explicación automática.
Especialmente cuando un síntoma es nuevo, intenso, progresivo o preocupante, merece valoración.
Qué puedes hacer si sospechas que estás entrando en perimenopausia
No necesitas convertirte en detective hormonal a tiempo completo.
Pero sí puede ayudarte empezar a observar patrones.
Durante unas semanas registra cosas muy sencillas:
Tu ciclo.
Fecha, duración y cambios de flujo.
Sueño.
Cómo duermes y cuándo aparecen los despertares.
Síntomas vasomotores.
Sofocos o sudores nocturnos, si aparecen.
Estado de ánimo.
Ansiedad, irritabilidad o cambios significativos.
Cognición.
Momentos de niebla mental o dificultad para concentrarte.
Cambios físicos.
Dolor articular, fatiga u otros síntomas que hayas empezado a notar.
Síntomas sexuales o genitourinarios.
No para obsesionarte.
Para dejar de depender únicamente de:
Un patrón de varias semanas puede ayudarte a mantener una conversación mucho más útil con tu profesional sanitario.
Y si los síntomas están afectando a tu bienestar o calidad de vida, no necesitas esperar a que sean insoportables para consultar.
Existen opciones hormonales y no hormonales para tratar diferentes síntomas de la perimenopausia, y la elección depende de los síntomas, antecedentes, riesgos y preferencias de cada mujer.[1][2]
Preguntas frecuentes sobre los síntomas de la perimenopausia
¿Cuáles son los síntomas más comunes de la perimenopausia?
Entre los más frecuentes se encuentran cambios en el ciclo menstrual, sofocos y sudores nocturnos, alteraciones del sueño, cambios de ánimo, dificultades de concentración o memoria y síntomas genitourinarios. No todas las mujeres experimentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.[1][3][5]
¿A qué edad empieza la perimenopausia?
No existe una edad exacta para todas las mujeres. La menopausia natural se produce habitualmente entre los 45 y los 55 años y la transición menopáusica puede comenzar varios años antes.[1] Cuando aparecen signos compatibles con menopausia antes de los 45 años, y especialmente antes de los 40, el abordaje diagnóstico puede ser diferente y merece una valoración específica.[2]
¿Puedo estar en perimenopausia si todavía tengo la regla?
Sí. La perimenopausia ocurre antes de la menopausia y suele incluir cambios progresivos en el ciclo menstrual.[1][2]
¿La perimenopausia puede causar niebla mental?
Las dificultades de concentración, memoria y recuperación de palabras se describen con frecuencia durante la transición menopáusica.[3] Pero la niebla mental también puede aparecer por otras causas, por lo que los síntomas importantes o persistentes deben evaluarse en contexto.
¿Puede aparecer ansiedad durante la perimenopausia?
Sí. Los cambios de ánimo y los síntomas de ansiedad o depresión están descritos durante la transición menopáusica.[1][3] Eso no significa que toda ansiedad en esta etapa tenga una causa hormonal.
¿Necesito un análisis hormonal para saber si estoy en perimenopausia?
No necesariamente. En personas sanas de 45 años o más con una presentación clínica compatible, NICE recomienda identificar la perimenopausia sin recurrir rutinariamente a determinadas pruebas hormonales.[2]
¿La perimenopausia puede relacionarse con dolor articular?
Existe una asociación entre la transición menopáusica y una mayor prevalencia de determinados síntomas musculoesqueléticos.[4] La evidencia disponible no permite atribuir automáticamente cualquier dolor articular a la perimenopausia.
¿Existen realmente 78 síntomas de la perimenopausia?
No existe una lista médica oficial de exactamente 78 síntomas. Las cifras que circulan por Internet dependen de qué manifestaciones se incluyen y de si diferentes aspectos de un mismo problema se cuentan por separado.
Quizá el problema no era que tu cuerpo hubiera dejado de funcionar como debía
Quizá te faltaba contexto.
Porque hay una diferencia enorme entre despertarte por tercera vez esta noche pensando:
y poder considerar:
Entender la perimenopausia no significa explicar cada síntoma con las hormonas.
Significa dejar de ignorarlas como si no pudieran formar parte de la ecuación.
Significa reconocer patrones.
Hacer mejores preguntas.
Descartar otras causas cuando corresponde.
Y acceder a información y tratamiento cuando los necesitas.
Después de décadas en las que muchas mujeres llegaron a esta etapa sabiendo poco más que esperar sofocos y el final de la menstruación, quizá eso sea lo primero que tenemos que cambiar:
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- World Health Organization. Menopause. Fact sheet. 16 October 2024.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Menopause: identification and management. NICE guideline NG23. Published 12 November 2015. Last updated 15 April 2026.
- Williams M, Maki PM. A Review of Cognitive, Sleep, and Mood Changes in the Menopausal Transition: Beyond Vasomotor Symptoms. Obstetrics & Gynecology. 2025;146(3):350–359. doi:10.1097/AOG.0000000000005914.
- Kruse C, McKechnie T, Dworsky-Fried J, et al. Musculoskeletal Manifestations of Perimenopause: A Systematic Review and Meta-Analysis of 93,021 Women. JB & JS Open Access. 2026;11(1):e25.00254. doi:10.2106/JBJS.OA.25.00254.
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